La tradición de utilizar anillos fue tomado de la ceremonia realizada entre los romanos. En el ritual toledano se usaban dos aros pero en el romano sólo uno como símbolo de fidelidad.
La torta nupcial tiene origen romano y comenzó como una práctica poco usual. Después de la boda, se partía un pan por encima de la cabeza de la novia simbolizando fertilidad y larga vida. Los invitados recogías las migajas del suelo y se las comían. Con el pasar del tiempo en Inglaterra, los invitados llevaban pequeñas tortas y las amontonaban. El novio y la novia besaban las tortas, luego se les añadía una capa de azúcar glasé y se repartían a los invitados. Es por eso que su aspeco actual suele ser de varios pisos.
Otro objeto perteneciente a la tradición nupcial es el velo. En un principio simbolizó la virginidad, la modestia, la inocencia y la virtud de la prometida. A lo largo de los años ello se ha perdido, pero aún es parte de la vestimenta. En algunas culturas de Oriente era utilizado para ocultar la cara de la novia a un novio que jamás la había visto. Solo después de la ceremonia se le permitía levantar el velo para ver el rostro de su nueva esposa.
La existencia de la famosa luna de miel también tiene un porqué. En la antigüedad, los teutones comenzaron con ello. Sus bodas, solamente se celebraban bajo la luna llena y después de estas, bebían hidromiel durante 30 días, porque se decía que esta bebida tenía propiedades fertilizantes y aumentaba las probabilidades de concebir a un varón. Todo siempre tiene una explicación, y los románticos hábitos antes, durante y después de la boda, no podían ser la excepción.