La práctica de la esgrima se originó en España con la ‘espada ropera’, un arma que formaba parte del vestuario caballeresco. A finales del siglo XIV se expandió en Europa y terminó de instituirse como deporte a fines del siglo XIX, cuando las armas blancas dejaron de utilizarse para la defensa personal.
Es común usar el vocablo francés ‘touché’ para dar a entender que uno de los competidores tocó con su arma al otro.
La longitud mínima del florete y la espada es de 90 cm. En el caso del sable es de 88 cm. En tanto la máxima dimensión permitida es de 110 cm. para las dos primeras armas y 105 cm. para la última.
El área válida de tocado para los floretistas es el torso. No es válido tocar las extremidades o la cabeza. El contacto debe efectuarse con la punta, al igual que al usar la espada. En cuanto al sable, son válidos los toques con el filo y contrafilo. La puntuación se da con un peto metalizado, el cual está conectado a una red de registro.