El siglo XVIII es el periodo más importante de las artes marciales japonesas, donde el Jiu-jitsu alcanzó su máximo desarrollo gracias a los samuráis Shironin, maestros de armas sin amo a quien servir, quienes llevaron su práctica a niveles de eficacia máxima.
A finales del siglo XIX el Jiu-jitsu llega a Europa introducido por el maestro Jukio Tani; mientras que en América es a comienzos del siglo XX con Mitsuyo Maeda, en Brasil, que empieza su difusión. Cabe destacar que ambos maestros eran miembros del Kodokan o “Casa del guerrero” (su traducción más próxima).
El Jiu-jitsu brasilero, o también conocido como Jiu-jitsu Gracie, nace debido a que Hélio Gracie, de contextura delgada y débil, modificó el ángulo de aplicación de los movimientos para que estos no se basaran en la potencia física del ejecutor. Su técnica alcanzó gran difusión en la década de los 90 gracias a su hijo Royce Gracie quien ganó varios torneos Ultimate Fighting Championship (UFC).
Las academias de artes marciales, usualmente, ofrecen clases de una hora, tres días a la semana, por un costo promedio de 200 soles mensuales. La mayor parte de ellas imparten el estilo brasilero.