La palabra marioneta indica el habla de estos personajillos ya que proviene de la palabra francesa “marionette” que era el nombre que se le daba al clérigo que adoptaba una voz femenina para fingir la voz de la Virgen María en las representaciones religiosas.
Es esta la razón por la cual la voz de los títeres es siempre chillona o falsa, excepto cuando los personajes son malvados. Según algunos lingüistas, la palabra títere es onomatopéyica por el “ti – ti” que hacían los actores con un pito, mientras movían los muñecos. Es así que los profesionales de las actuaciones fueron denominados “titiriteros”. Estos artistas actuaban por lo general al aire libre, en granjas o corrales.
El arte de actuar con las marionetas cobró gran importancia a finales del siglo XVIII y siguió así por todo el siglo XIX. La magia de los títeres no sólo conquistaba a la clase popular; escritores y músicos prestaron especial atención a este fantástico mundo y le dedicaron su tiempo y su trabajo. Es así como en Alemania el poeta y dramaturgo Goethe aprecia este arte y proclama su cariño hacia él publicando tres dramas con el título genérico de Teatro moral y de marionetas recién abierto.