El maní o inshic, en quechua, era uno de los productos más alimenticios del Perú antiguo. Creció en las regiones tropicales y subtropicales de Sudamérica.
Como todos los alimentos, nuestros antepasados lo consideraron sagrado y fue perennizado en representaciones antropomorfas como la del 'Tocador de flauta', de la cultura Mochica, así como los hermosos collares de la tumba del Señor de Sipán, que representan reproducciones de maníes con cáscara, en oro y plata.
El maní se utilizó en numerosas comidas, salsas y mazamorras, así como en bebidas como el ponche o la chicha de maní.
La patita con maní está basada en un ajiaco precolombino, mestizado con carne de cerdo. Esta preparación deviene de un cocido nativo mestizado con el cerdo que llegó en las carabelas. Solo se aconseja pasar las patas del animal por fuego para depilarle piel.
Tiene similitudes, en cuanto a ingredientes del aderezo, con la carapulcra. Sin embargo, la presencia de la patita de vaca o de cerdo contribuye con sus propiedades gelatinosas. Además, gracias a la ausencia de grasas saturadas, aporta energía sin riesgo a aumentar el colesterol.