El maracuyá es originario de la Amazonía y en el Perú se cultiva en la costa y en la selva, siendo principalmente las zonas productoras Piura y Chanchamayo. Actualmente es una especie cultivada en países tropicales y subtropicales, incluyendo regiones tan alejadas y distintas como Israel, Hawai y Estados Unidos.
Etimológicamente su nombre, introducido a las lenguas europeas a través del portugués, es una corrupción del guaraní mburucuyá, que significa ‘criadero de moscas’, por la dulzura del néctar que resulta atractivo para el desove de los insectos.
Conocida también como fruta de la pasión o pasionaria, este cítrico se ha difundido en casi todo el mundo debido a su contenido bajo en calorías pero rico en vitaminas y minerales que refuerzan nuestro sistema inmunológico contribuyendo, además, a una mejor visión, cabellera y piel.
Se aconseja su consumo para las personas que siguen regímenes dietéticos bajos en caloría y, por tener un gran aporte de fibras, es ideal para quienes sufren estreñimiento. Se consume directamente del estado natural o diluido en agua. Asimismo son ideales en la preparación de salsas, dulces, helados y refrescos. Las hojas de maracuyá pueden ser utilizadas en la elaboración de infusiones.