Este museo se divide en cuatro salas, la primera que está colmada de muñecas, algunas tiernas y otras que recuerdan a alguna película de terror, en la segunda, apreciamos un triciclo, o los clásicos pepitos, usados por nuestros padres o por cada uno de nosotros. Además de una singular colección de soldaditos de plomo, y una pista para trenes, muy bien confeccionada y conservada.
En la tercera división, a manera de casa de titiritero, encontramos muchas marionetas colgadas del techo, además de los trompos y boleros que acompañan este espacio, al que podríamos denominarlo, el de los juguetes populares. Una última sala nos muestra objetos precolombinos, como las muñecas Chancay, que no fueron exactamente juguetes, sino adornos funerarios.
Este espacio cultural y de recuerdos, muestra la transformación del juguete a través del tiempo, desde la época pre-hispánica hasta el decenio de 1960. Se puede apreciar juguetes de distintas partes del mundo donde se refleja costumbres, modas y parámetros socioculturales.
Cabe resaltar que este museo se encuentra en el segundo piso de una casona y en el primero podemos disfrutar de un buen café y una torta de chocolate, pues está en bar del museo, que se caracteriza por los ambientes muy bien conservados.